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la feliz

Casa feliz

“La Feliz es un mundo en donde el infinito amor por el material hace que lo imposible se vuelva real. Los objetos son los mismos de siempre, pero obedecen a nuevas reglas.
La madera se dobla como una soga y las sogas se vuelven tan firmes como el tronco de un árbol. Los hilos que cercan los campos se trasforman en sillas y las redes que protegen las frutas se convierten en pantallas. Hay que tocarlo para creerlo, porque con la vista no alcanza. Es como si nuestra percepción se hubiese alterado. En realidad, es que el mundo fue apropiado…”, reza el manifiesto de La Feliz, un estudio de diseño industrial devenido en taller y luego marca, conformado por Patricio Lix Klett y Celeste Bernardini en Argentina.


La Feliz empezó en 2005, con una investigación de Pato sobre mimbre clásico. En Mar del Plata había un sillón tejido en mimbre que se llamaba Sillón Mar del Plata y por eso esa primera colección fue de un plástico autoportante (PET), que se podía tejer como el mimbre. Esa colección se llamó La Feliz. Y después decidimos dejarlo como nombre del estudio”, explica Celeste. Esa primera colección tenía 11 productos y fue el principio de todo.
“El uso del PET fue un éxito, pero llegó un momento, después de cuatro años, en el que la gente creía que éramos mimbreros. Entonces nos dimos cuenta de que o nos convertíamos en mimbreros realmente o nos volvíamos un estudio de diseño con todas las letras. Fue así que empecemos a experimentar con otros materiales y ahora no tengo casi nada de PET a la venta, aunque sirvió para fundar las bases”, dice Patricio, y cuenta que la identidad de La Feliz surgió desde el uso de esos materiales no convencionales: “Trabajamos siempre desde los materiales; vemos cuáles son las posibilidades y luego pensamos los productos, qué se puede hacer con ese material y qué podemos pedirle. Por ejemplo, en el caso del PET, como venía enrollado, originaba productos redondos y generamos muchas cosas con esa forma”.
Cada colección tiene un nombre que proviene del material. Y desde que La Feliz mutó para convertirse en una marca, las colecciones conviven en un local en el barrio de Palermo. Más exactamente sobre el Pasaje Santa Rosa.

La casa de ambos
“Nuestra casa está llena de prototipos y de los materiales que utilizamos”, explican sobre su casa de Villa Ortúzar, un barrio bien barrio en el que viven hace 4 años y que se instauró como un nuevo polo de artistas (los que se mudaron de Colegiales y Palermo por los precios altos). En este dúplex, obtenido a partir de la unión de dos departamentos, viven con Río, su hijo de un año y medio.
“Nos metimos mucho durante la construcción del edificio y usamos para la decoración el mismo tipo de maderas que utilizamos para nuestros productos en La Feliz: maderas reconstituidas, muy livianas y que no tienen nada de plástico; laminados ureicos y casi nada de madera maciza, porque somos muy conscientes sobre la deforestación que genera; apenas la usamos para algunos respaldos”, dice Patricio, y Celeste agrega: “Además somos muy coleccionistas y en nuestra casa siempre hubo como un espacio para los productos que nos gustan”.
A raíz de eso, el año pasado decidieron armar mundo.com.ar para poder venderlos. Mundo es una curaduría de productos de diseñadores. Muchos de ellos trabajaron en algún momento en La Feliz y hoy tienen su propia marca. “Hay de todo y es como nuestro mundo”, concluye Celeste.
Patricio y Celeste están juntos hace 14 años. Cuando hablan del otro se miran, se miden, cada quien impone lo suyo en esta sociedad–pareja–estudio. “Somos dos trabajadores innatos. Pato empieza a las 8 de la mañana a hacer una pata de cordero y yo ordeno”. Celeste es la que gerencia y Pato es la cabeza creativa. Ella, dice, baja ese primer plano a una realidad posible de producción y en su overol está escrito el nombre “La dura”. En cambio, en el de Pato solo hay parches. lafeliz.com

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