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Camilo Moraes, arquitectura, World Architecture Festival, Beach Camp, Atacama

Camilo Moraes: And the winner is…

Esta historia tiene de todo: emoción, sorpresa, voluntad e ingenio que vencen a la adversidad. Es un poco como dice su protagonista “de película”; en ella hay un chileno demostrando que las buenas ideas son más potentes que los recursos económicos, que los antiguos saberes constructivos van a reflotar por su eficiencia, y, al mismo tiempo, nos muestra dónde se está poniendo el ojo cuando se eligen los mejores proyectos de arquitectura del mundo.


No sé nada de fútbol pero quiero ofrecer la mejor descripción posible de lo que Camilo Moraes vivió hace menos de tres meses en Ámsterdam, en el World Architecture Festival: Moraes era un equipo de un solo jugador, talentoso, destacado pero en un ámbito local, que de pronto se ve en uno de los torneos más importantes del mundo. Moraes tiene casi 20 minutos (10 corresponden a su presentación y 8 a preguntas del jurado) para demostrar de lo que es capaz y cuando termina escucha por parlantes que a continuación hará lo mismo el Barcelona y luego el Real Madrid.

Después de que Camilo Moraes presentó su Beach Camp –una estación de turismo geográfico de bajo impacto en medio del desierto de Atacama– fue el turno de OMA–AMO, una de las oficinas más reputadas a nivel global, para la que trabajan más de 100 arquitectos en proyectos alrededor de todo el mundo, creadora de edificios emblemáticos como el de la Televisión China en Pekín, presidida por Rem Koolhaas, ganador del Pritzker en 2000, icono de la arquitectura holandesa. “Tenía cero expectativas. En el festival participaban 81 países, 400 oficinas y muchas eran muy grandes. Todos los proyectos que se presentaron eran MUY buenos. Creo que fui el último en subirme a la micro, me compré el pasaje a Holanda dos semanas antes, después de cuatro meses tratando de conseguir recursos para ir. Siendo una instancia horizontal cada uno ve cómo llega allá a presentar”, recuerda Camilo.

En un centro de convenciones se instalaron 15 carpas-salones enormes. Cada categoría presentaba en una. Moraes fue seleccionado en Hotel y Pequeños Proyectos. La confianza que llevaba al festival estaba basada en la invitación que recibió el año anterior por parte de la fundación Glenn Murcutt (otro Pritzker) para mostrar su proyecto en Melbourne, y se empezó a desvanecer cuando vio que en la categoría Hotel ganaba un lujoso seis estrellas de Ámsterdam. “Creo que yo presenté el proyecto más pequeño y de más bajos recursos de todo el festival. Un miembro del jurado preguntaba a todos cuánto habían gastado y el mío era lejos el más barato, incluso más que algunos pabellones temporales”.

A pesar de las limitaciones en recursos, a Moraes le parecía que su Beach Camp podía llamar la atención del jurado internacional por el dramatismo de su emplazamiento, una playa nativa en el desierto de Atacama. Luego se dio cuenta de que los factores gravitantes en el éxito fueron la responsabilidad ambiental, el uso de recursos locales y la fuerte decisión de arquitectura. En uno de los eventos más globales de arquitectura que existen, tuvo la oportunidad de ver alrededor de 30 presentaciones de otras oficinas y, en general, siempre había una preocupación ambiental. “Creo que a eso mi proyecto respondía muy bien porque tiene cero impacto e intenta devolver el lugar en la mismas condiciones en que lo encontró. Generalmente, la arquitectura es una intervención muy permanente, al usar concreto el daño al lugar es prácticamente irreversible. Creo que se valoró eso y el uso creativo del recurso local. Los materiales que usamos se inspiran en un pueblo a 50 kilómetros del lugar que se llama Totoral. Es increíble, con un humedal con plantas como totora y brea, muy cerca de casas construidas de esos mismos materiales, junto con barro y piedras. La gran característica a rescatar era la preservación de esos materiales por muchos años en ese lugar, bajo esas condiciones. Protegen del sol, aíslan y se mimetizan bien con los colores del paisaje”.

La noche de la cena de gala Camilo Moraes compartía mesa con un grupo de arquitectos italianos y austriacos de los que se había hecho amigo. Estaban casi al final del salón, en un elegante centro histórico de Ámsterdam. Cuando llegó la hora de entregar el premio en la categoría Pequeños Proyectos las pantallas mostraron el de OMA-AMO, uno en Portugal, otro en Moscú y otro en Nueva Zelanda; incluso mostraron los más comentados, uno en Japón, uno de la Bienal de Venecia y otro en España. Camilo Moraes tiene un video del momento en que las pantallas cambian al amarillo institucional del festival, se escucha una voz diciendo ‘…the winner is Beach Camp, Atacama Desert’ y un luego un grito que es suyo. “Habían enviado un correo donde me informaban todo lo que iba a suceder, pero como mi viaje había sido con presupuesto de mochilero, solo me conectaba al wifi libre que encontraba. Vi el correo dos días después. Realmente me enteré ahí mismo, cuando les decía a los demás en la mesa ‘¿Por qué no muestran mi proyecto?’. Me demoré un montón en llegar al escenario. Fue como de película”. moraes.cl / @camilonorte_arq

“La construcción, como la industria que es, gira en torno a los materiales industriales que tienen un objetivo económico. Los materiales antiguos buscaban bienestar, calidad de espacio. Esas tradiciones están olvidadas. Es algo muy similar a lo que pasa con la comida, hay comida rápida y una distinta, de mejor calidad”.