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Broken nature: Sustentabilidad creativa

Mientras el paradigma de la sustentabilidad se asienta cada vez más en todos los ámbitos del diseño, en Milán, la muestra que dio vida a la XXII Triennale di Milano, entre los meses de marzo y octubre de 2019, deja una minuciosa investigación sobre los vínculos entre el ser humano y el entorno natural, además de interesantes soluciones de diseño para las problemáticas planetarias.


Con el calentamiento global, la contaminación de cielos y océanos por parte de las industrias, la basura que no se recicla y tantas otras problemáticas urgentes, no es de extrañar que el diseño también busque soluciones para colaborar con el futuro planetario. Y es que son los paradigmas vigentes los que movilizan a los creativos y a las marcas, pero también a los consumidores que, responsables o no, empiezan a adquirir estilos de vida acordes con el momento histórico que les toca vivir.

En este sentido, la sustentabilidad está cada vez más presente en todos los ámbitos del diseño, del consumo y, en definitiva, en la mente de las personas. Y mientras la moda incorpora el reciclaje de prendas y las fibras naturales, la arquitectura elige soluciones sustentables, el diseño industrial propone objetos de materiales reciclados y técnicas manuales de construcción, y las personas consumen productos orgánicos o cosméticos libres de agroquímicos, la exposición “Broken Nature: Design Takes on Human Survival” invitó a reflexionar sobre cómo llegamos a este momento histórico y cuáles son los posibles escenarios futuros.

La muestra, curada por Paola Antonelli, abordó la idea de que el diseño es la herramienta capaz de reconstruir –y sanar– los vínculos entre el hombre y la naturaleza. Y para eso, Antonelli invitó a artistas y diseñadores a trabajar en base a los indicadores de sostenibilidad ambiental (biodiversidad, producción de alimentos, temperatura media global, población y agotamiento de recursos humanos) en una extensa propuesta que pobló los salones del Palazzo dell’Arte, sede de la Trienal de Milán.

“La relación entre los seres humanos y la naturaleza (la naturaleza entendida desde el microbioma hasta el cosmos, y completa con sus formas sociales y políticas, desde la familia hasta las comunidades y otras estructuras sociales) está formada por una gran variedad de vínculos. En los últimos dos siglos algunos de estos vínculos se han cortado de manera irreversible. Nosotros, un ‘nosotros’ que nos involucra a todos los seres humanos, hemos deforestado, perforado, minado y nivelado los picos de las montañas. Hemos depositado partículas radiactivas que alterarán los hábitats durante siglos, hemos contaminado con pesticidas y llevado a la extinción a diferentes especies. Hemos hecho desaparecer las lenguas antiguas y las tradiciones, hemos adoctrinado y diezmado culturas ancestrales. Algunas de estas cosas podrían recuperarse o reconstituirse, pero solo con intervenciones bien pensadas. Se necesita una nueva actitud. Y el diseño, en todas sus escalas –desde la arquitectura hasta la visualización de datos, desde el biodiseño a la planificación urbana–, es la respuesta”, explicó Antonelli, quien también es curadora senior del Departamento de Arquitectura y Diseño y directora del Departamento de Investigación y Desarrollo del Museum of Modern Art de New York.

Por su parte, Stefano Mancuso, una de las principales autoridades mundiales en el campo de la neurobiología de las plantas, propuso en su espacio “La nación de las plantas” una “Carta de Derechos”, en la que dejó en claro que si bien somos los humanos quienes estamos introduciendo plantas, flores y hasta frutas y hortalizas en nuestras vidas cotidianas, son ellas las que dominan el mundo y tienen las de ganar.

“El hombre debería usar las plantas no solo por lo que tienen para ofrecer, sino también por lo que pueden enseñarnos”, explicó el investigador, quien sostiene que la humanidad debería mirar más a las plantas para evitar un futuro catastrófico. “Las plantas han existido en la Tierra durante mucho más tiempo que los humanos, se adaptan mejor y probablemente sobrevivan a nuestra especie”.

Mancuso garantiza que dejando espacio para las plantas y cubriendo con ellas cualquier superficie capaz de darles vida (mediante huertos urbanos y con el cultivo de hortalizas, plantas y flores, en balcones y terrazas privadas) se reducen la cantidad de Co₂ en la atmósfera y la contaminación. “Además de disfrutar de la belleza de la vida vegetal, la gente va a respirar mejor”, concluyó el experto, y nos da la pauta de que la moda de introducir vegetales, plantas y flores en todas sus formas y expresiones en nuestros espacios habitados es sumamente sanadora, además de bella.