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Más Deco


Soy una convencida de que mientras más espontaneidad haya en los platos, más graciosos y y sabrosos resultan. Al mismo tiempo, creo y sé que las vacaciones son días para glotonear. No esclavizarse en la cocina, por supuesto, pero sí disfrutar de sorpresas comestibles. Ahora, tan tan en pelotas no. Hay ciertas cosas que, para mí, deben ir como pack de primeros auxilios, una cajita monona pero nutrida, toquecitos que hacen gracia porque de cierta manera no vale la pena arriesgar su ausencia. Aquí, el que creo es un buen botiquín cocinero.
Picantes. Sé que estamos en época del ají verde en gloria y por favor usémoslo como si se acabara. Ahora, unas botellitas picantonas pueden servir para un trago, un cebiche o cóctel marino, carnes varias, sanguchones de medianoche. Sriracha (pasta de ají coreana con harto ajo) es buena para los tallarines al disco, por ejemplo. Tabasco y similares, para los copetes y las conchas. Unas latas de jalapeños, para las ensaladas y los asados, incluso para el pebre espontáneo. Pasta de ají chileno, para las mayos y sus infinitos usos. Pimienta en grano, no necesariamente son picantes, pero esos polvos son pésimos.
Dulzones. Una cosa de equilibrios: si se pone sal, se echa azúcar. Ahora, lo dulce está en mucho más que un terrón blanco o rubio. Puede ser un tipo vinagre (de arroz o mirín, por ejemplo) para los aliños de las ensaladas, siempre con gotitas de limón. O algún frasco divertido tipo mermelada de cebolla, de pimentones. Increíbles para los adobos de carnes.
Salados. Espero que ya no usen sal refinada. Además de tener un sabor artificial es pésima para la salud. Llévese harta sal gruesa, para los pescados y pollos a la sal. También su botellita de soya, para salteados, ensaladas.
Aceite de oliva. Sagrado. Uno malo arruina hasta el ánimo. El que le guste y en demasía. Que no le vaya a faltar.