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Bomba en flor

Porque sí, explotan como un proyectil que habla de una novedad extraña y bella al mismo tiempo. Ellos se llaman Flowers by Bornay, con base en Barcelona, una firma que crea mundos florales eclécticos y que van diez pasos más allá de las tendencias. Ellos exploran, investigan y, algo más espectacular aun, les hacen caso a sus instintos para crear. Eso, para nosotros, es lo más sabroso. Flores que juegan a no ser flores, pero que siguen enamorándonos.


La novedad, avant garde, experimental, extrañamente hermoso. Esto va más allá de lo conocido… las flores dejan de ser flores y se convierten en obras de arte, en conceptos bellísimos que entregan un mensaje de cultura pop. Joan Xapelli está a la cabeza de Flowers by Bornay, una firma de arreglos florales, eventos florales y todo lo relacionado con la palabra flor y su despliegue. Con sede en Barcelona, explotan en creatividad, y Joan junto a sus compañeras Marta y Fátima –el equipo madre de la firma, aunque son 5 en total– llevan la cultura pop del cómic, de la ciencia ficción, del cine, la literatura y la danza al concepto Bornay, flores que dicen ser flores en su apariencia literal, pero se transforman en Drácula, en Edgard Allan Poe o en fuegos artificiales. A los Bornay les importa un comino qué flores usar, lo que les importa es su combinación, es usar algunas naturales –da igual si son peonías o no– y otras artificiales; es combinarlas con otras pintadas con spray, el spray de los grafiteros, y de múltiples colores. Sí, una apuesta que nos deja atónitos por su resultado, tan pulcro y refinado, tan insolente y coherente a la vez.

¿Cómo nace todo este proyecto, Joan? Creamos la marca en 2008, Fátima y Marta vienen del mundo de las bellas artes y yo vengo del mundo comercial de la flor; estuve 13 años comprando flores y plantas alrededor del mundo y las vendía a floristerías de España. Conociendo la materia prima, que son las flores, conociendo el precio, el transporte, las variedades, etc., fue cuando me dispuse a hacer la empresa. Como yo no tenía ninguna visión florística y no concebía las creatividades de una visión florística, lo que hice fue plasmar mi cultura popular en las flores. Por ejemplo, yo tuve una infancia, adolescencia y juventud muy nutridas de cómics, cine y ciencia ficción, y gracias al hecho de conocer la materia prima de las flores pude juntar las dos cosas y crear la firma de Bornay con esos arreglos tan especiales inspirados en la cultura popular.

¿Cómo surge esto de pintar las flores con spray? Cuando conocí a Marta y Fátima y las invité a participar conmigo, les dije ‘chicas, no vamos a hacer los arreglos florales que hacen normalmente las floristerías’, yo quiero hacer arreglos florales inspirados en mi cultura popular y en las de ellas, que se basan en la danza, el arte y la literatura. Por esto inventamos la necesidad de pintar las flores, por eso que desde hace 9 años que no entendemos la floristería sin sprays. Sí, es verdad que las flores pintadas han existido desde hace muchos años, pero lo que creemos que hemos inventado es que el spray sea parte del día día de la floristería.

¿Cómo defines el concepto Bornay? Pienso, ¿las flores o el concepto? Bornay es puramente el concepto, no miramos qué flores, a veces ponemos flores de plástico con flores naturales, con flores pintadas, con espumas, nos da igual, lo que queremos es llegar al resultado final, pero no porque a la gente le gusten las peonías, por ejemplo, no, a nosotros nos gusta ese arreglo por lo que evoca.
Nos hemos inspirados en Julio Verne, en Edgard Allan Poe en literatura, en ceremonias de Juegos Olímpicos, como la que hubo en Barcelona; nos hemos inspirado en películas de terror, en los cuatros monstruos universales, en Frankestein, en la Momia, en Drácula y en el Hombre Lobo; nos hemos inspirado en videojuegos, en el metro de NY, en los fuegos artificiales, en los cuadros de Matisse y de Van Gogh.

¿Qué workshops están haciendo actualmente? Estamos muy contentos con esto, tenemos una línea de gente que se apunta en los workshops como hobby, que vienen unas dos horas y lo pasan bien, viven una experiencia. Pero luego tenemos la línea de los workshops profesionales que duran semanas, a estos viene gente de todo el mundo, desde Ucrania, Rusia, Kazagistán, Francia, Italia, Chile, Argentina, Brasil. Irlanda, Inglaterra… Dentro de 15 días nos vamos a hacer un curso a Marruecos.

“Para nuestras flores ocupamos una paleta compuesta por más de mil tonalidades de colores de spray, los mismos sprays de los grafiteros”, dice Joan.

El taller
Están instalados en este misterioso taller desde hace ya dos años, que evoca esos misterios simpáticos, bellos. Antiguamente el lugar fue una fábrica de municiones en los años 30, previo a la Guerra Civil española antes del franquismo, y luego en los años 70 y 80 fue una fábrica de tintes, lo que a Joan le hace gracia pues ellos también pintan, en su caso, las flores. “Más tarde se convirtió en un ‘garden’ que lo llevaba un señor mayor que se jubiló. Lo cogimos y lo arreglamos porque estaba un desastre. Cambiamos los techos, los pusimos de hecho; pusimos unos que cuando hace mucho sol lo para un poco, no hacen un efecto invernadero porque o si no aquí estaríamos como pollos asados; el sol rebota en el suelo. Antes el suelo era de arena suelta, como en la playa, ahora es un suelo mixado con una resina donde se puede trabajar. Hemos plantado un árbol ficus de Costa Rica, espectacular, de 4 metros de altura, que nos da energía, y cuando lo pusimos dijimos ‘si este árbol se muere nos vamos todos a la mierda, jajajá”.
La estructura ya estaba y la dejaron tal cual, lo que crearon los Bornay fueron las oficinas que están instaladas en el centro del espacio. Por último, los muros están pintados con óxido de hierro.

Trabajamos actualmente para Pro Novias, para Mango, para Bulgari, Gucci, Chanel, Yves Saint Laurent. Trabajamos para 4 hoteles también, para Lady Gaga, Depeche Mode para los reyes de Jordania…”, dice Joan.

Ideas que inspiran. Un espacio espectacular, lleno de verde y curiosidades pop. Las materialidades también le dan el corte paisajístico.