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casa cocó fernández

Biográfica

¿Qué casa no es a la larga una suma de nuestros gustos y experiencias? La gran diferencia, lo que hace especial este departamento, es que la dueña puede trazar toda sus historia y decisiones de vida a través de lo que vemos en él. Un proyecto de trabajo diario, tan personal como encantador.


Dice que ahora le daría un poco de vergüenza mostrar esos primeros móviles que hizo hace dos años, cuando adoptó el fieltro como material. Pero están guardados en alguna parte de este departamento de Las Condes que ocupa hace tres años, cuando la vida la obligó a volver a Santiago y dejar su casa en el campo para los fines de semana. “Llevaba tiempo pensando en contar mi día a día en el campo como una especie de fantasía; me parecía un aporte a la crianza esa inspiración en la naturaleza. Empecé a ilustrar, a hacer unas casitas de madera, unas muñecas de trapo. En el fondo de todos esos objetas estaba la intención de ser una alternativa al plástico. Encontré esta técnica del fieltro con aguja y me enamoré, justamente porque utiliza un material supernoble y porque tenía características que he buscado en todo durante toda mi vida. A través de la creatividad me permite transformar algo muy simple en algo complejo. La lana de la oveja que uso tiene muy poco proceso, es muy cercana a su origen. Con una sola aguja el poder transformador está en mí”, explica Cocó Fernández, fundadora de Coco & Co.

Las motivaciones hacia el emprendimiento están completamente arraigadas en su biografía: fue mamá y quiso hacer cosas para sus hijos; entonces la gente empezó a preguntar ¿por qué no las vendes? Antes de eso, incluso, había entendido con cierta frustración que a pesar de todos los años que le había dedicado, la danza no iba a ser nunca su modo de subsistencia. “Cuando vivíamos en el campo llevaba a mi hija a un colegio en Viña, a 30 km. Yo la esperaba en un cafecito con mi fieltro y mi aguja, pero en el cafecito empecé a engordar. Entonces me hice amiga de las bibliotecarias del colegio y ellas me dejaron esperar a mi hija ahí. Era superproductiva: a las 8 yo estaba lista con mis lanas y aguja, para cuando salía mi hija yo ya había trabajado 4 horas. De manera muy autodidacta y personal alcancé un dominio de esta técnica sin tomar ni una clase, sin ver ni un tutorial. Aprendí sola. Se convirtió en una forma de ‘lenguajear’ una historia que yo tenía dentro hacía tiempo”.

Sus animalitos de fieltro con cuerpo de persona suspendidos entre gotas y nubes empezaron a tener más demanda. Ella siempre había querido que un eventual crecimiento significara algún beneficio para otras personas que lo necesitaran. Recuerda que al día siguiente de pensar en gente que estuviera encarcelada, se topó con la historia de la hermana Nelly en televisión, que vio cómo era querida por las reclusas y que incluso había llevado al Papa a una de las cárceles. De alguna manera encontré el teléfono de la hermana Nelly en internet. Le explique el proyecto y me citó a una reunión. Con su ayuda pude finalmente formar un grupo de cuatro mujeres de las que estoy muy orgullosa. Mientras muchas no tuvieron la paciencia para manejar la técnica, no sé cómo ellas engancharon y han logrado un nivel que me sorprende. El avión está despegando, se están separando las ruedas de la pista. Tenemos un montón de pedidos y podemos empezar a proyectarnos. ¡Parezco rockstar! Me han llamado para estar en ferias y en tiendas. Trato de hablar con la gente para explicar de la manera más humilde que no puedo, estoy sobrevendida. Trabajo a pedido y mi vitrina y catálogo online es mi instagram. Ahí están las opciones disponibles para en alguna medida personalizar cada móvil. Este año empecé a experimentar con una línea un poco más sencilla, un animalito colgando en un globo, de un paraguas o una nube, y eso lo estoy poniendo en La Blanquería”.

Cocó dice que desde que era chica, cada vez que aparecía una tarea ‘de chinos’, algo que requería detalle, dedicación y minuciosidad, ella decía ¡dénmela a mí! Pero aunque le gusta ese tipo de labor se aburre fácilmente de hacerlo en el mismo lugar siempre. En el departamento ella tiene un taller, pero es más bien su centro de operaciones, donde lee, investiga, busca referentes y dibuja. “Una de las cosa que me más me gustan de esta técnica es que solo necesito la lana y mi aguja.  A veces voy a trabajar a un café, otras veces a una oficina y otras veces a la casa de una amiga. Soy muy nómade”.

La mesa del comedor y la cama de los niños serían todo lo que compró nuevo para este departamento. Una tía que se estaba cambiando de casa le regaló el sofá y muchos otros muebles los trocó con su mamá. “Las cosas no me importan tanto, entre ser bailarina y emprendedora no he tenido oportunidad de desarrollar deseo por los objetos. Nunca he dicho ‘me gustaría tener este sofá, me lo compro’. Me encantaría porque devoro imágenes, referentes y me gusta estar al tanto del diseño, pero siento que para mí eso será en otra vida. Siento que compongo bien con lo que tengo disponible. Ahí está el valor de mis cosas y la historia que cuentan”. @coco_y_co

Ideas que inspiran. Sin llegar al minimalismo, en esta casa se optó por lo básico, lo natural y con aires de fantasía.