Bienvenidos blanquillos

duraznos

Sábado 29 de diciembre de 2018, edición N° 816




¡Qué fruta más rica tiene Chile! No me canso de celebrarlo –ni de decir que somos uno de los mayores exportadores del mundo– y la sonrisa se me pega cuando veo la actual escena descarada de colores, formas, sabores. Me pondría una polera que diga algo en su honor o, en realidad, ahora que llevamos ocho días de veranito (¡Yupi!), saldría con una que celebrara la maravilla del durazno blanquillo, el de más corta aparición, de obscena dulzura, de megajugo. El peludo que, como su nombre, es casi blanco con atisbos de rojo, mediano y bien humilde. Hay que elegir los blandos sin miedo, directo al mordisco –postpelada porque la piel entorpece con la textura– o de una a la juguera para dar el elixir duraznístico más escandaloso de todos. Ojo que con suerte le quedan dos semanas, este aparece y se va sin decir ni pío. Así que despierte, chao 2018 pero por favor, nada de adiós al blanquillo sin antes comerlo.

En épocas de espumante y trasnocheo o disfrute del día como sea que se esté, el blanquillo juega doble. Dijimos que solito, va perfecto en ensaladas verdes mezcladas y en el Bellini, el famoso trago que inventó Cipriani en su Harry's Bar en Venecia, nada menos que en 1948, mezclando Prosecco y puré de durazno blanquillo, no cualquiera, anótelo. Después el señor Cipriani supo hacer todavía más negocio lanzando su línea de Prosecco y de la mezcla lista en latas. Se logra pelando los susodichos, picándolos y poniendo con un poco de azúcar en el refri por una noche. Bien helados, juguera harto rato y a la copa. ⅓ de la fruta y ⅔ del espumante Extra Brut. Ahora los espumantes se sirven en copa gorda. Bien para bajar lo carbonizado (burbujas) de los no tan finos. Esos que abundan para brindar de lo lindo ahora que llega este 2019, y que sea muy bueno para todos. @raqueltelias

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