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El Aulario de Piura es un grupo de edificios interconectados y escalonados que aloja salas, oficinas y talleres en los que el espacio público y no jerárquico cobró suma relevancia definiendo la identidad del lugar en medio del bosque seco del desierto. El proyecto, destinado a acoger a 700 nuevos alumnos de escasos recursos, fue un poco más allá del encargo, por sobre la solución estándar y, como dice Sandra, “lo que es interesante es que tiene esta ambición de hacer arquitectura de buena calidad, buscar algo diferente”.

Cuéntennos un poco sobre el Aulario, por favor.
Jean Pierre: Quisimos reproducir las condiciones de sombra porque es un sitio muy caluroso, mucha radiación, y propusimos, más allá del programa, un lugar especial donde el espacio fuera de clases fuese más importante que las aulas, o las clases mismas, porque es el único lugar no jerárquico donde estas dos poblaciones –una urbana de clase media y otra de medios rurales y relativamente pobre– se podían unir.
Sandra: Ahora este edificio se ha convertido en un nuevo centro de todo el campus, dejando atrás la tipología de pabellón de aulas con cero espacio de intercambio.

Más que la forma de la arquitectura, ustedes hablan de una atmósfera de aprendizaje, ¿tiene que ver con el modo de aprender y trabajar hoy, sin espacios rígidos e inmutables?
J.P.: Sí, y además las ideas se producen más afuera de las clases. Dentro es transmisión de conocimiento; fuera, intercambio de ideas.

¿En ese sentido pensaron estos espacios, recorridos y recovecos?
S. y J.P.: Claro, espacios de encuentro para favorecer este aprendizaje informal con distintos formatos. Por ejemplo, propusimos unas bancas con enchufes incorporados para que realmente puedan instalarse bien a trabajar, almorzar, conversar, descansar, intercambiar ideas, y como el edificio acoge muchas facultades, también hay un intercambio interdisciplinario, que está ahí, con unas condiciones superfavorables para que se produzca.

¿Cuál es la importancia del espacio público no jerárquico, pensando en todo lo que está pasando en Chile y a nivel mundial?
J.P.: El espacio público ha sido descuidado en los últimos años en desmedro de los espacios realmente democráticos, abiertos a todos, y eso, queramos o no, crea segregación. Lo que ha pasado en Chile y muchas partes del mundo es una advertencia de que tenemos que volver a generar espacios para todos, donde la gente realmente pueda conocer al otro, distinto a ti. En todos estos espacios públicos semiprivados, centros comerciales, etc., te encuentras con otra gente, pero que piensa igual que tú, de alguna manera por estrato social, etc. En cambio si esto (espacio democrático) se da de manera natural, no tienen por qué estallar los problemas.

¿Perú también es así, muy segregado?
J.P.: Es tan segregado que ya la gente no se inmuta. La periferia de Lima vive completamente aislada de la Lima tradicional.
S.: Y tenemos el problema del transporte público también, que no hay cómo llegar a ese otro espacio, las distancias son enormes. Si en Perú no ha pasado lo de Chile es por la gran informalidad que hay. Nadie espera nada del Gobierno, ni quiere reclamar porque sabe que no pasa nada. La prueba es que el Presidente disolvió el Congreso y los indicadores económicos ¡no variaron en nada! Eso es supersignificativo.
Volviendo al espacio público del Aulario, sí es verdad que estos espacios intermedios nadie te los pide; la arquitectura los aporta generosamente para que haya encuentro, y eso es un poco lo que perseguimos. No están considerados en la comisión del proyecto pero finalmente se convierten en su alma.

Como el bosque
Si uno observa los trabajos de este estudio, como el Museo Paracas, el Lugar de la Memoria, o este Aulario de la UDEP con sus volúmenes muy amalgamados en el paisaje, el territorio parece un elemento gravitacional a la hora de definir el carácter de sus arquitecturas. Como explica Sandra, “es verdad que siempre estamos tratando de empezar por el entendimiento del lugar, de este territorio, para de ahí ver cómo sacar las ideas de esas lógicas. Estamos evitando hacer un objeto en un paisaje, y tratando más que trabajar aquí con la lógica del bosque seco, este fraccionamiento, el edificio permeable que se camina sin senderos definidos, como en el bosque, con múltiples entradas, recorridos, muy compacto por fuera.
J.P.: Hacer varios edificios interconectados tiene que ver con la reglamentación, los sismos, etc. Era una estrategia múltiple, pero también el hecho de que como el árbol en el bosque es menos importante que el conjunto, aquí queríamos lo mismo: que fueran menos importantes que el espacio que generan entre ellos. Eso permitió espacios muy irregulares, con edificios muy regulares.

¿Incorporan elementos vernaculares de la arquitectura precolombina peruana en su trabajo; en qué se reflejan?
S. Sí, más que elementos, de repente son estrategias.

¿Como las terrazas?
J.P.: Las terrazas, las plataformas, los recintos. Nos interesa –como en las ruinas precolombinas– construir tapiales (muros de tierra encofrados) en concreto.
S.: Lo que nos gusta de este trabajo más artesanal es que hay esta traza del trabajo hecho a mano, de la buena mano de obra de los operarios peruanos que finalmente te remite a la memoria de la construcción del edificio y a una aceptación de una imperfección que permite esta memoria. Si lo haces perfecto borras todo atrás, pierdes la memoria.

¿Pasa a ser más anónimo, más serial?
S.:  Sí, más anónimo.
J.P.: No es mejor ni peor, simplemente estamos explorando lo que se puede, esta presencia de la mano del operario en el resultado final, que muchos lo ven como algo negativo porque no es parejo, o esta manchado, o es imperfecto. A nosotros nos parece que cuenta una historia que es la del hombre construyendo. Nos gusta mucho que el edificio cuente la historia de la construcción. En Europa la creatividad, el periodo de diseño o creativo se acaba en los planos de ejecución y va a salir tal cual. En Sudamérica todavía durante la obra se puede innovar, ver los imprevistos, prolongar la labor creativa durante más tiempo, que es beneficiosa. Nos gusta ver esos inconvenientes como posibilidades y característica de lo nuestro, que es la precariedad, pero hay que explotarla como positiva.
barclaycrousse.com

Los Premios ODA, Obra del Año, 2019 de Archdaily celebraron los proyectos más interesantes en arquitectura de Latinoamérica y España con más de mil proyectos presentados.

1er. lugar: Aulario UDEP, Barclay & Crousse, Perú.

2do. Lugar: Casa H, Felipe Assadi Arquitectos, Chile.

3er. Lugar: La Comuna, Natura Futura + Frontera Sur Arquitectura, Ecuador.