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Amor al mar

Chile tiene tres veces más mar que tierra, esa es una característica única. Por lo mismo, la biodiversidad y productividad de sus mares son envidiables y no se encuentran en otras partes del mundo. Proteger las aguas es imperante y por lo mismo debemos crecer mirando el mar.


Chile comienza a ser líder en la protección de sus mares. Hace un tiempo, en las Islas Desventuradas (San Félix y San Ambrosio), se creó el Parque Marino Nazca-Desventuradas, con una superficie protegida de 297.518 km², y en el archipiélago de Juan Fernández además se creó un Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos llamada “Mar de Juan Fernández”, con una superficie aproximada de 12.109 km² y cinco parques marinos. A esto hay que sumarle el Parque Motu Motiro Hiva, ubicado alrededor de la isla Sala y Gómez, en el extremo oriental de la Polinesia, con una extensión de mar y costa de 150.000 km².
Para entenderlo mejor, los parques son un tipo de Área Marina Protegida. “Estas últimas existen hace mucho tiempo en el mundo. En estos últimos diez años ha habido una explosión en el aumento de estas áreas protegidas a nivel global. Hay algunas áreas emblemáticas como la Gran Barrera de Coral, que es la decana de las áreas por su gran extensión de 2.000 km de largo. Lo que ha ocurrido es que los países a nivel mundial, en el marco del Convenio de la Diversidad Bilógica (CDB), se comprometieron a metas de protección globales del océano. Hace unos años ese compromiso fijó proteger el 10% del océano bajo algún tipo de Área Marina Protegida”, explica Carlos Gaymer, académico de la U. Católica del Norte y director del Núcleo Milenio de Ecología y Manejo Sustentable de Islas Oceánicas (ESMOI).
Las categorías de Áreas Marinas van desde las que son extremadamente estrictas y que no se permite extracción de ningún tipo, a otras que son mucho más laxas y que permiten una multiplicidad de actividades de bajo impacto convirtiéndolas en áreas de múltiples usos que permiten la pesca, el turismo y un abanico de actividades productivas pero respetando la conservación. “En 2010 en Nagoya, Japón, se revisaron los compromisos de protección que estaban definidos para el 2012 porque el mundo estaba lejísimo de llegar a las metas de protección global comprometidas con el 10%. Recién se había cumplido el 1,5% y faltaban dos años para llegar al plazo global”, cuenta Gaymer. Las metas globales dependen del aporte que hace cada país, porque hay aguas internacionales que son tremendamente difíciles de proteger. Cada país se puede hacer responsable de su zona económica exclusiva que son sus 200 millas. “Dentro de este marco cada país se comprometió con su 10%. En Nagoya se decide que esta meta se pospone hasta el 2020, cuando los países firmarán ante la CDB tener el 10% de la zona económica protegida”, suma Carlos.
Esta protección tiene varias condiciones de por medio, resumidas en la meta Aichi 11, donde se definen los porcentajes de protección tanto en tierra como en mar. “Esto está orientado a la protección del ecosistema para que exista una buena representatividad de los mismos y la protección sea balanceada”, dice Carlos.
La mayor parte de los países han hecho grandes esfuerzos para proteger enormes extensiones y el aporte ha sido sustancial. “En este momento, en las zonas económicas exclusivas a nivel global estamos alrededor del 10%. El resto del océano está con problemas serios y Chile está en este momento casi con un 13% de protección de su zona económica exclusiva. Cuando Chile ponga en marcha las futuras áreas que ya están anunciadas, como la de Cabo de Hornos, el área alrededor del Archipiélago de Juan Fernández y la nueva área para la Isla de Pascua, Chile va a llegar sobre el 40%”, sostiene Gaymer.
Chile, teóricamente, ya cumplió con sus dosis para el 2020 pero el tema es que los ecosistemas deben estar bien representados, y en este momento eso no ocurre en Chile. “Lo que tenemos es la protección de los dos grandes parques marinos que están en las islas oceánicas, uno es el Parque Marino Motu Motiro Hiva y el otro es el Parque Marino Nazca-Desventuradas”, explica Carlos.
Cada uno de estos parques es parte de las ecorregiones. La zona económica exclusiva de Chile está dividida en grandes ecorregiones, que son áreas donde hay ciertas condiciones físicas y químicas que hacen que existan ciertas especies que habitan en esa zona. “El gran problema que tenemos es que de todas las ecorregiones en las que se divide Chile solamente dos cumplen con las metas de protección y son en islas oceánicas”, aclara Gaymer.
Los desafíos
Los desafíos de protección que le quedan a Chile están asociados a las ecorregiones continentales que están con un déficit de protección, la mayor parte está bajo el 1% de protección porque hay áreas marinas protegidas pero de pequeño tamaño. “Es mejorar la representatividad de la región para que todas tengan un 10% protegido, que es el compromiso que tenemos. Se va a avanzar con la creación del Parque Marino de Cabo de Hornos, y con eso nos vamos a acercar al porcentaje de esa ecorregión al sur de Chile”, enfatiza Carlos.
Para los expertos el déficit ocurre no porque no exista interés en proteger sino porque ahí está la mayor parte de los conflicto de usos con los múltiples usuarios de esas zonas. “Proteger tiene que ver con que se pone algún tipo de restricción de algunas actividades que se hacen libremente”, suma Gaymer.
Otro desafío es que, según la meta Aichi, estas áreas tienen que estar manejadas y administradas. “Esto significa que tienen que existir recursos disponibles para fiscalizarlas y vigilarlas, para hacer investigaciones, para que exista un administrador que haga los planes de manejo. Estos planes de administración en Chile hasta ahora están en pocas áreas. Hay solo dos reservas marinas chicas que cuentan con plan de administración aprobado en las zonas costeras: una es la reserva marina de Chañaral y la otra es la reserva marina Isla Choros-Dama. Los megaparques que ha creado Chile, que son el de Nazca-Desventuradas y de Isla Sala y Gómez, aún no tienen sus planes de administración terminados y operando, por lo tanto el Estado no puede destinar recursos. Los planes de administración tienen que ser participativos con las comunidades, y ese es un proceso que toma varios años”, dice Carlos.
Lo otro es que por el hecho de estar tan aislados y lejos del resto del mundo tenemos zonas con altísimos niveles de endemismo, es decir, especies que habitan solamente en estos lugares y en ninguna otra parte del planeta, “esto significa que ya no es de importancia solo para Chile sino que es de importancia para el mundo”, suma Gaymer.
Chile ha estado haciendo un esfuerzo importantísimo y somos reconocidos como líderes en el tema, por lo mismo los ojos del mundo están puestos sobre Chile y los avances que se han logrado pasan a ser una responsabilidad enorme para que se sigan haciendo las cosas bien y para que las áreas creadas se administren de manera efectiva con planes de administración dentro de un tiempo acotado. “Además de crear estas áreas hay que implementarlas para que se concreten los objetivos que se plantean dentro de los decretos. Si no protegemos el mar, lo que va a suceder es que no tendremos vida en la Tierra. Todo el sistema de soporte del ser humano se origina en el mar”, concluye Carlos.