*

Más Deco

arquitectura, remodelación, casa, decoración, manualidades, minamilismo, color

Al vacío

Una remodelación completa hecha por la arquitecta Macarena Urzúa, donde las dobles alturas, la dualidad de las fachadas y un gran vacío como espacio principal hacen de esta casa un espacio algo playero, tipo galpón, y distendido en medio de la ciudad.


La casa que existía antes de esta era una tipo chilena, de techos bajos, de 1 piso, deteriorada y casi abandonada en su totalidad. Su dueña, Carolina, y sus tres hijas –de 21, 19 y 12 años–, querían mudarse a algo completamente distinto de la casa que habían vivido antes, querían sentirse en la playa en medio de la ciudad, además de tener un taller para poder crear, pintar, coser y hacer manualidades. Y tal como en un cuento de hadas, la arquitecta Macarena Urzúa dio en el clavo y convirtió lo feo en belleza contemporánea. Fue así como Urzúa quiso poner en valor el lugar desde el reciclaje; sin embargo, la casa estaba muy deteriorada, por lo que solo se pudo rescatar el muro de la fachada de la casa existente y con eso se hizo la mesa central de la casa –con vigas de roble–. “El encargo de la clienta era principalmente hacer un espacio donde convivieran 4 mujeres, y con el fin de hacer una casa y un taller. Crear espacios conectados; la casa es un gran vacío donde conviven los distintos recintos. Este vacío tenía que responder al lugar. Tiene dos frentes, el primero se emplaza en un pasaje, por lo tanto había un carácter más bien colectivo en esa área, y la otra área se da al paisaje, la cordillera, el cielo, la vegetación, y de esa manera se entiende la casa como un volumen que da en parte a la calle y otro volumen vidriado que se abre hacia el paisaje. Así la casa queda con una dualidad de la percepción del entorno”, explica la arquitecta.

En relación al programa: Había que ser coherente con esta relación galpón-taller donde conviven las cosas, por lo tanto todo lo que es de carácter público se vincula –comedor, cocina, living, todo integrado–, y en el segundo nivel, para que también esté conectado se genera una especie de salita como un espacio mediador antes de lo privado. Desde ahí vienen los dormitorios hacia atrás; cada dormitorio tiene su condición propia según la edad de las niñitas. El dormitorio principal está en el segundo nivel.

Materiales: “La casa es muy vertical, lo que me ayudó mucho trabajar con fierro, y teniendo el fierro se complementó con un material simple y noble. Así en el interior apareció la madera, que es todo el cielo y algunos muros de terciado, lo mismo que las puertas, lo que empieza a unificar un lenguaje interior también. Y por fuera se hizo un experimento: se forró con fibrocemento, que tiene mucha resistencia a la humedad, entonces estas placas de dimensiones gigantes pedí que me las cortaran en listones delgados de 5 cm; esos listones forraron toda la casa por la cara de la calle, lo que genera una imagen media de ‘moldaje’, porque no queda perfecto, una imperfección propia del galpón.

“Quería una casa que pareciera de playa, que se prestara para la informalidad. Nos gusta cocinar juntas, por eso los espacios integrados. Acá se cocina, se estudia, se ve tele, se conversa, todo en el espacio publico. La privacidad está en las piezas”, dice Carolina.

La decoración

Para Carolina la arquitectura se robaba la película, y por lo mismo eligió una decoración super simple, con pocos elementos, que justamente no intervinieran con el lenguaje arquitectónico. De esta forma eligió elementos minimalistas, basándose en el blanco y en toques de color en los artefactos de cocina –rojos– y en cojines y alfombras. Sofás cómodos y espacios multiusos: el living, de hecho, tiene una tele que apenas se ve, pero su presencia hace que allí se pueda tener una reunión con un aperitivo y ver televisión también. “Aquí cocinamos, leemos, conversamos, hacemos todo en este gran espacio abierto”, termina Carolina. mac.urzua@gmail.com

Ideas que inspiran. Una casa abierta, con pocos elementos decorativos y donde la arquitectura es protagonista.