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Al rescate del océano

Millones y millones de toneladas de plástico tienen como destino final los océanos del mundo. Ecosistemas amenazados y la desaparición de la vida tal como la conocemos, así de drástico y urgente es el problema. ¿Soluciones? Los expertos hablan de educación, pero también de legislación. Responsabilidad ineludible compartida.


Es imposible quedar indiferente al saber que de aquí a 2050 habrá la misma cantidad de peces que plástico en el mar, que el 90% de las aves marinas tiene algún tipo de este material en el estómago y que peces y tortugas lo confunden con alimento, los cuales provocan su muerte. Este material, tan masivo como nocivo, es arrastrado por los ríos al mar, consecuencia de malos hábitos que se aplican desde la cordillera al océano y no solamente en los bordes costeros. El hecho de que el plástico es arrastrado por un tiempo provoca que este material se desintegre y se convierta en una partícula diminuta que es ingerida por moluscos y peces que luego ingerimos los humanos directamente. Las consecuencias están recién siendo investigadas.
La realidad nacional habla de que se generan 380 mil bolsas plásticas por hora y las usamos solo diez minutos en promedio, mientras se demorarán cerca de 500 años y quizás más en descomponerse.

 

Las cifras son aplastantes: cada año los mares y océanos son receptores de hasta 12 millones de toneladas de basura. “La situación mundial es dramática, más aun teniendo en cuenta que la producción de plásticos se acercará en 2020 a los 500 millones de toneladas (un 900% más que en 1980). Estas cantidades, su fácil dispersión y su lento proceso de degradación convierten al plástico en el enemigo número uno de mares y océanos. Su uso es un problema asociado a los modos de consumo, ya que la mayoría se emplean para envases de un solo uso”, explica Soledad Acuña, coordinadora de campaña plásticos de Greenpeace.
¿Qué estamos haciendo como país frente al tema? ¿Cómo estamos protegiendo nuestro mares? ¿Cómo podemos aportar en esta gran acción mundial? Son algunas de las preguntas que debemos responder con urgencia. “Reducir el uso y el impacto que los plásticos tienen sobre los ecosistemas es responsabilidad de todos, tanto de las administraciones públicas como de las empresas fabricantes, como del usuario. Greenpeace forma parte del movimiento global Break Free From Plastic, en el que cientos de ONG de todo el mundo trabajan por un futuro libre de contaminación por plásticos”, suma Soledad Acuña.
Hace poco tiempo se aprobó por unanimidad en el Senado el proyecto de ley anunciado en septiembre del año pasado por la expresidenta Michelle Bachelet, que pone fin al uso de bolsas plásticas en 102 comunas costeras. Y ya es un hecho que la mayoría de los supermercados han optado por sacar las bolsas plásticas fomentando el uso de reutilizables. Aquí es cuando aparecen emprendimientos como Solubag, que promete una solución, o una alternativa al problema actual de la bolsa de polietileno y polipropileno. “Nuestro producto final hoy son bolsas producidas con nuestra materia prima especial, la cual empodera a los consumidores a determinar la vida útil de la bolsa, el consumidor puede destruir la bolsa en el momento que desee, solamente utilizando agua directamente. Se han encontrado bolsas plásticas superando los 10.000 metros de profundidad en el óceano, con nuestra bolsa eso nunca ocurrirá debido a que es el agua la que la destruye, sin dejar elementos contaminantes. Queremos ser un aporte y una alternativa amigable con el medioambiente, para productos de un solo uso”, sostiene Roberto Astete, creador de Solubag e ingeniero comercial con más de once años de experiencia en el mundo del plástico flexible y más de siete años en proyectos de reciclaje. En los últimos cuatro años Roberto ha desarrollando nuevos materiales y productos para combatir este tema.
Toda acción, por muy pequeña que sea, que vaya en pos de la eliminación del plástico y su reemplazo por materiales reciclables contribuye a la solución, y como sociedad tenemos responsabilidad. “No basta solo con las bolsas. Es cosa de mirar la ribera del río Mapocho para darse cuenta de la poca conciencia que existe. Tenemos que entender que eventualmente todo lo que arrastran los ríos termina en nuestro mar”, suma Liesbeth van der Meer, directora ejecutiva de Océana Chile, que es la mayor organización internacional dedicada exclusivamente a proteger los océanos del mundo.
El conocimiento de esta realidad moviliza, motiva y permite así que las personas tomen acciones concretas. La limpieza del mar parte por casa, en los supermercados, en los negocios, en los colegios, en las calles y en todas partes donde nos movemos. “Por eso insisto en que la educación ambiental es clave, una materia que debiera ser tratada durante toda la educación escolar. Todas las municipalidades, intendencias y gobiernos regionales deben promover el reciclaje fácil de plásticos para ir educando progresivamente e instaurando una cultura de reciclaje para que estos eventualmente no terminen en nuestros océanos”, agrega Liesbeth van der Meer.
Coincidiendo con Martín Thiel, profesor de biología marina de la Facultad de Ciencias del Mar en la Universidad Católica del Norte y director de los Científicos de la Basura, quien sostiene que “las cantidades de basura en los ríos chilenos ha aumentado entre el 2013 y el 2018, preocupante dado que los ríos son las fuentes de agua potable para la gran mayoría de los chilenos, y además durante las crecidas invernales toda la basura depositada en el borde de los ríos se mueve hacia el mar, contribuyendo de forma importante a su contaminación”, asegura.
Es tarea de toda la sociedad evitar los productos desechables. Pero el rol de la política y especialmente de las empresas es una pieza fundamental en la solución del problema al entender la urgencia de aplicar soluciones a corto, mediano y largo plazo sobre el tema. Y es aquí donde se debe aplicar a cabalidad la ley REP (Ley de Fomento al Reciclaje y Responsabilidad Extendida del Productor), que fue promulgada en mayo de 2016 y que obliga a los fabricantes de aceites lubricantes, aparatos eléctricos y electrónicos, baterías, envases y embalajes, neumáticos y pilas a organizar y financiar la gestión de los residuos derivados de sus productos, asegurando que tengan un tratamiento adecuado. “Hay que evitar el uso de plásticos desechables, pero muchas veces no tenemos opción. Es responsabilidad de las empresas darnos la elección para la botella retornable en vez de obligarnos a comprar en botellas desechables; ha llegado el momento de que la política y en particular las empresas asuman sus responsabilidades”, sostiene el profesor Thiel.
Pero por diversos problemas burocráticos la ley no se ha implementado, y la totalidad del proceso –que engloba la elaboración de todos los reglamentos y total implementación de la ley– está contemplado para finalizar dentro de cinco años más. “Lo que más urge en esta materia es incentivar el reciclaje domiciliario, el cual tiene una tasa muy baja (del 4-6%). Junto con esto es necesario la eliminación de cuatro tipos de plásticos: los de materiales poco comunes (PVC, poliestileno, poliestileno expandido), los que están contaminados con nutrientes, los que son menores a 4 cm y los multicapas como bolsas de comida de perro, sachets y yogur con etiqueta de papel”, suma la bióloga marina, María Paz Gutiérrez. cientificosdelabasura.cl / chile.oceana.org