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La vida de Marcelo Lucini cambió por completo en el año 2000, cuando abandonó el mundo de las finanzas para crear la marca Airedelsur.
“La idea nació de mis ganas de hacer algo con el diseño, que era lo que en verdad me apasionaba. Entonces recorrí la Argentina y busqué la forma de generar nuevos productos con materiales autóctonos”. Marcelo cuenta que desde el momento en que empezó a trabajar con los artesanos locales el proceso fue muy rápido, y en poco tiempo sus productos de cuero, piedras semipreciosas, maderas regionales y metales convertidos en objetos utilitarios o accesorios de moda se exportaban a todo el mundo. “Hoy estamos en boutiques de Estados Unidos, Japón, España, Inglaterra, Canadá, México, Italia, Jordania y Emiratos Árabes, y en los catálogos internacionales de Barneys, Bergdorf Goodman o Neiman Marcus, entre otras”.

Pero no todo quedó en el diseño de objetos para Marcelo y, hace ya unos años, amplió sus horizontes para incursionar en el ámbito del interiorismo de la mano de Ariel Estanga; su pareja también en la vida real. Ariel había pasado varios años en Europa como ‘head designer’ de accesorios para Zara y luego para Karl Lagerfeld. “Un día nos cansamos de vivir viajando para vernos y decidí volver a Buenos Aires para sumarme al proyecto”, cuenta. Fue así que nació el área de interiorismo de Airedelsur, que pronto marcó un hito y valió diversas colaboraciones con celebrities internacionales como la Reina de Jordania o Tory Burch y con grandes hoteles de lujo.

El departamento que comparten Marcelo y Ariel, ubicado en un edificio de estilo francés de finales del siglo XIX, es fiel reflejo del estilo que define a esta dupla de creativos. En sus 500 m² conviven obras de arte contemporáneo, antigüedades y muebles firmados, además de una variedad de objetos de los que se declaran coleccionistas; entre ellos los cristales de Murano. “Nos gusta combinar elementos de distintas épocas y orígenes para generar ambientes eclécticos”, explican, y agregan que cuando vieron este departamento por primera vez fueron la espacialidad y los techos altos (para contener su extensa colección de obras de arte) lo que los decidió a elegirlo.

“No es que buscábamos especialmente un departamento de estilo francés. Por eso mantuvimos algunos detalles originales y otros los cambiamos completamente”. Así es como mientras la boiserie permaneció intacta, el resto del departamento mutó para transformarse en un espacio con estilo propio: tiraron paredes, reciclaron baños y cocina y reacomodaron espacios para conseguir la funcionalidad que buscaban.

“Había 5 habitaciones y las redujimos a 2 para generar grandes dimensiones. Además dejamos las paredes del corredor con un acabado rústico, como sin terminar, ya que al sacar el antiguo empapelado y preparar las paredes para la pintura nos gustó la idea de dejarlo así; nos pareció más relajado. También por eso decidimos no poner cortinas ni alfombras. Definitivamente no queríamos un departamento señorial, sino más bien uno que se identificara con nosotros”. @airedelsurinteriors

Ideas que inspiran. Diseño contemporáneo, antigüedades y arte conviven en este departamento de aires franceses habitado por dos interioristas.