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A todo chancho

Inspirada en dichos tan chilenos como “a todo chancho” o “como chancho en el barro”, Fundación Artesanías de Chile se la jugó para poner de manera lúdica la alfarería sobre la mesa. Justo en septiembre, cuando se celebra el Mes de la Patria y los artesanos empiezan a recolectar greda (que muchas veces encuentran, justamente, entre medio del barro).


Emblema del campo chileno, el chancho da para todo: para comerlo, para alimentar la picardía de los dichos campesinos y, por cierto, para dar vida al imaginario de artesanos y artesanas de la zona central y del sur, quienes, al inmortalizarlo en pebreros y alcancías, fuentes y salseros, o simplemente como piezas decorativas, han construido en torno a él una tradición alfarera.
En cada pieza los artesanos reflejan características propias de su localidad: a través del color del chancho, los minerales de la veta de donde sacan la greda. Y en sus caras, orejas, cuerpos y patas –incluso en la cola–, el estado de ánimo con el que se levantaron ese día. Para rescatar la tradición detrás de cada uno de ellos, Fundación Artesanías de Chile decidió poner todos los chanchos alfareros sobre la mesa. Aquí, distintos artesanos tradicionales que forman parte de la fundación cuentan la historia detrás de ellos.

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Chanchos de Quinchamalí: Región de Ñuble
Mítico entre los chanchos alfareros chilenos es el chancho de tres patas de Quinchamalí. ¿Cuál es su historia? Aunque no sabe si es del todo cierta o parte de un mito, a sus 60 años la artesana quinchamalina Corina Carrasco Figueroa dice que la primera vez que escuchó el relato fue de su abuela, quien a su vez lo escuchó de alguien más. “Ella contaba que en la zona había un matrimonio de escasos recursos que vivían como inquilinos en un fundo y criaban animales. Su chancha quedó preñada y parió 6 chanchitos, pero uno de ellos nació deforme, con 3 patitas. A los demás hermanitos los vendieron, pero a él, como le faltaba una patita, nadie lo quiso y se quedó ahí. En tiempo de verano el chanchito fue a un charco con agua, empezó a escarbar con su patita y de tanto escarbar encontró un tesoro. De ahí que todos querían un chanchito de tres patas para tener suerte y por eso acá todas las quinchamalinas fabricamos el chancho de tres patas en greda”, dice. ¿Cómo se distinguen los suyos? “Mis chanchitos tienen una mirada triste, no sé por qué. Quizás será porque se fueron mis papás al cielo. Pero la gente los encuentra lindos, tiernos”, dice Corina.

Chancho de Quebrada de las Ulloa: Región del Biobío
La cerámica de esta localidad rural formada por pequeñas parcelas, a 30 km de Concepción, se reconoce fácilmente por el tono rojizo de la greda, que las artesanas sacan de orillas de esteros o ríos durante el verano, antes de que suban las aguas durante el invierno. Hacen dos piezas inspiradas en el chancho: el pebrero y la alcancía. “El pebrero lo hemos hecho desde siempre para cuando se mata un chancho en el campo para la fiesta de San Juan, porque en él se pone el chancho en piedra o se preparan los aliños como el ajo picado para el estofado”, cuenta Cristina Ulloa, quien junto a otras 16 mujeres forma parte de la agrupación Artesanas Quebrada de las Ulloa. De hecho, vive en la localidad desde que nació, hace 40 años, cuando el sector todavía no tenía nombre, sino que era un villorrio “donde todos sabían que vivían muchos Ulloa”, explica. El otro chancho conocido en la zona es la alcancía. “Para la mayoría de la gente en el campo antiguamente –incluso todavía– era difícil ir al banco a depositar plata. Entonces, los antiguos pensaron en algo donde pudieran guardarla y así nació el chancho alcancía”, dice. “De hecho, hay gente que incluso las enterraba, porque era como tener un depósito en el banco”.

Chancho de Gorbea: Región de La Araucanía
“Lo llamamos chanchito bailarín, porque es salsero”, dice riendo el artesano Víctor San Martín (66) sobre la única pieza entre sus creaciones que tiene forma de chancho. Hace 37 años, junto a su mujer, Sonia Carrasco, dieron origen en la provincia de Cautín a la tradición alfarera que hoy se conoce como cerámica de Gorbea, y que se distingue, entre las demás piezas alfareras por llevar su interior enlozado. El molde del chancho pebrero, explica San Martín, lo sacaron de un chancho pebrero que alguien llevó de regalo a la casa de su abuela. “Debe haber tenido más de 100 años”, dice. Como es hecho en molde, sus rasgos no varían como en el resto de las cerámicas. “Pero todo lo demás se hace a mano y es muy trabajoso”, explica. El color de su cerámica es resultado de una mezcla: 50% de greda roja –“la misma con la que se hace el ladrillo princesa y de donde Lozapenco sacaba el material para su loza”, cuenta–, 25% de caolín, 15% de cuarzo –que hace que las piezas no se recojan ni se estiren tanto y por ende no se craquelen–, 5% de calcio, para que la pieza se queme de manera pareja, y 3% de arena, que también le da firmeza.

Chancho de Pomaire: Región Metropolitana
“Acá en Pomaire antiguamente se hacían solo chanchitos de 4 patitas”, cuenta la artesana Doris Vallejos. “Pero un día, hace como 20 años, empezó a llegar gente pidiendo el chanchito de tres patas, y así comenzamos a hacerlo”. De ahí que nadie tenga tan claro dónde está el origen del chancho de tres patas: si en Pomaire o Quinchamalí. “Pero antes que hacer alcancías, acá la gente antigua, como mi abuelita, hacía el pebrero con forma de chancho: a las fuentes les empezaron a poner orejitas, patas, cola y nariz”. Luego, explica Doris, surgieron los chanchitos miniatura, sus favoritos. “Es lo que acá tradicionalmente llamamos juguetes, porque cuando no existía el dinero para comprar juguetes como ahora, las abuelas y mamás a las niñas nos hacían cerámica en miniatura para jugar a la cocina”, recuerda. La tradición local se
hizo conocida. “De hecho, como la gente antes usaba harto los monederos, pedían los chanchos chiquititos para echarlos a la chauchera porque se decía que eso traía buena fortuna”, dice. El chanchito se iba gastando y cuando se le iban las patitas y las orejas, había que renovarlo. Lo de las miniaturas, eso sí, era artesanía que quedaba solo en manos de mujeres, explica Vallejos. “Los hombres hacían los chanchos más grandes”. ¿De dónde sacan la greda en Pomaire? “Antes había muchas vetas. Antiguamente cada artesano iba en carreta a buscar la suya, traían terrones de vuelta a la casa y ahí lo dejaban secar, luego lo colaban, lo limpiaban, lo remojaban. Pero ahora esas vetas suelen ser privadas, entonces hay familias que se dedican a ir a buscar la greda y la venden a pedido”.

Chancho de Pilén:Región del Maule
Aunque todo depende de la mano de la artesana, los chanchos de Pilén, la localidad ubicada a 12 kilómetros de Cauquenes, en la Región del Maule, se caracterizan por el color rojizo de su greda –que sacan desde septiembre a marzo, cuando todavía no llegan las lluvias–, pero también porque en vez de ser redondos son más chatos y de patas cortas. Siguiendo la tradición local, hasta el día de hoy las artesanas hacen todo el proceso a mano y cuecen las piezas en fogones en el suelo. “El chancho es de las piezas más difíciles porque requiere mucho trabajo”, comenta la artesana Alda Muñoz.

Chancho de Vichuquén:Región del Maule
“Aunque la bruja es la artesanía más famosa de esta zona, el chancho pebrero lo hacemos en honor al chancho en piedra, que acá preparamos todo el año”, cuenta la artesana Georgina Correa. “Claro, antes se preparaba en una piedra, pero por el peso la gente ya no los lleva tanto, entonces pasamos de la piedra a la greda”, asegura. El sello de cada artesana, cuenta Georgina, en el caso de la cerámica de Vichuquén está en los rasgos que le dibujan en la cara. “Nunca salen dos chanchos iguales. Puede haber 50 chanchos y ninguna cara es igual. Depende del estado de ánimo de cada artesano”.
Aunque otro sello está en la cola. “Algunos las hacemos lisas; otros, trenzadas”.

 

Chancho de greda
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“Los chanchos de greda exigen mucho trabajo a un artesano, porque, aunque sean figuras pequeñas, pasan muchas veces por las manos de uno. Hay que agregarles siete detalles: las orejas, la nariz, tres o cuatro patas y la colita”, dice Doris Vallejos.

El proceso de la greda: Septiembre marca el inicio de la época en que las artesanas que se dedican a la alfarería “van a la greda”: así llaman a las salidas donde parten en búsqueda de vetas, orillas de ríos o esteros para extraer los peñascos con los que luego trabajan. El proceso, independiente de la localidad, suele tener el siguiente patrón: tras recolectar la greda, que viene mojada, dejan que se oree o seque al aire libre, lo que en verano puede ser cuatro veces más rápido que en el invierno. Luego la pisan: en el suelo ponen un saco o paño, sobre él los peñascos que ‘pisan’ para luego separar todas las piedras, ramas y raíces. “Es como purificar la greda”, explican las artesanas. Luego la remojan nuevamente en agua. Mientras más largo ese proceso –que puede durar meses– más consistencia toma la greda y no se resquebraja, algo necesario si se trata de crear piezas para cocinar. “La mezcla está lista para moldearla cuando se ve igual que la masa cuando uno va a hacer el pan”, explican.

¿Qué le da la característica de cada artesano al chanchito? “Aunque sea la misma pieza hecha por el mismo artesano, cada chanchito es diferente. De repente quedan un ojo para un lado, otro para el otro o te quedan turnios. Incluso cuando lo hace el mismo artesano. Al final es la misma pieza pero siempre alguna característica diferente tiene. Eso es lo lindo de que sean hechos a mano”, dice la artesana Doris Vallejos.