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A primera vista

En seis meses Marcelo Cicali y Gabriela Precht se conocieron, se enamoraron y se compraron esta casa. Intensos, curiosos, viajeros y sibaritas: así son los espacios, reflejo de estos personajes.


Un choque en la escalera del bar restaurante Liguria de Manuel Montt. Ahí comienza la historia de esta pareja, que hoy ya lleva seis años juntos. “Me iba a la India por dos meses en una onda bien budista y me fui a tomar mis últimas copas al Liguria. Cuando pedí la cuenta fui al baño y bajando me tropecé con Marcelo”, cuenta Gabriela. La versión de Marcelo, dueño del Liguria: “Estaba poniendo música mientras hacía tiempo para un recital de Pedro Piedra y subiendo medio distraído choco con ella”. Las miradas hicieron lo suyo y desde entonces no se han separado más.

“Amor a primera vista. Suena cliché, pero la verdad es que fue así”, dicen. Y esa misma sensación, confiesan, fue la que tuvieron cuando conocieron la casa en Providencia donde viven hace ya casi cinco años junto a Manuel (4) y una niñita en camino. Unos amigos de Marcelo y Gabriela les avisaron que se vendía una propiedad a una cuadra de ellos. Cuando la conocieron se enamoraron de inmediato. La construcción neoclásica de 1940, de espacios señoriales y mucha luz, en un sector con vida de barrio, los dejó encantados.

Pensando en su estilo de vida suelto y relajado, pero respetando la esencia de la arquitectura, se hicieron algunas modificaciones, donde el gran cambio básicamente fue abrir la cocina al comedor. “Para habitar una casa donde proyectas vivir 20 años más hay que respirarla, dejar que se vaya un poco lo que la habitó antes y empezar a recorrerla sin apuro, en silencio”, dice Marcelo, mientras disfruta de un pan con palta, desayunando con Gabriela en el corazón de la casa: la cocina. Cicali llegó hace unos días a Chile, después de recorrer 12 países durante noventa días, para rodar un programa próximo a estrenarse en Mega, probablemente con la Copa América. El tema se centra en la nostalgia de chilenos que viven afuera y extrañan nuestra gastronomía. Terreno conocido para Marcelo como columnista gastronómico y conductor de “Plato único”, programa de Canal 13 donde daba pauta de las mejores picadas de comida chilena.

Y esta casa no se escapa de ese asunto. El plato favorito de Gabriela es la carbonada y el de Marcelo, la cazuela. Una verdadera colección de recetarios, debilidad de la directora de Bonita Ediciones, da fe de esta afición en la cocina.

La decoración de la casa responde a un estilo propio y único de sus dueños. “Lo que nos gusta de nuestra casa es que refleja un estado de ánimo nuestro, que tiene que ver con la tranquilidad, pero también con la curiosidad. Porque Gabriela es muy curiosa y es una de las cosas que me gustan de ella. Aparte de que es muy femenina y esta casa también lo es a ojos míos”, dice Marcelo. Sobre el color, Gabriela siente que es “porque los dos somos bien colorinches e intensos en personalidades”.

Todas esas emociones se desprenden de sus intereses, como el amor por la lectura, el arte, la artesanía y la expresión de las distintas culturas. Motivaciones que han ido experimentando en parte, con el espíritu viajero que comparten. “Nos ha tocado viajar mucho dentro y fuera de Chile. De luna de miel fuimos a Japón y antes de eso recorrimos durante un mes Asia con Manuel”, cuentan.

De esas experiencias aparecen recuerdos y objetos que tejen parte de la historia de esta familia.  Por ejemplo, de la India, las distintas deidades hinduistas; diversas artesanías de Bali y Camboya; el rincón de corazones, caminitos y manteles, traídos de México; de Londres, los afiches de la National Portrait Gallery; de Bolonia, un afiche del libro que ganó la feria de Bolonia este año. “Segundo año que voy a Bolonia, y este año me fue bien porque encontré un agente asiático y en junio van a una feria a probar suerte en Taiwán”, aclara Gabriela, magíster en literatura infantil. Su sueño, cuenta, siempre fue dedicarse a los libros infantiles. Trabajó en distintas editoriales y se dio la posibilidad de independizarse y tener la propia que bautizó como: La Bonita Ediciones, ubicada en el segundo piso de su casa.

Aprovechando la posibilidad de combinar trabajo y crianza al mismo tiempo, Gabriela diseñó este rico espacio conectado con el exterior por medio de una terraza, con todo lo necesario para la concentración y la inspiración. Una biblioteca hecha a medida, donde poder ubicar todos sus libros de consulta, una mesita de trabajo para reuniones y una buena iluminación para trabajar de noche.

“Es supernecesario para no aburrirse en la vida estar encantado con el trabajo que uno tiene… en ese sentido, somos bien afortunados en hacer lo que amamos”, coinciden Marcelo y Gabriela.

Ideas que inspiran. Amor por la cocina, los libros, el arte y las distintas manifestaciones culturales, en una paleta  intensa de color.