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A mano

Carmen Chadwick ama las manualidades, la artesanía, el valor del reciclaje y lo hecho a pulso. Le carga lo desechable y lo inmediato. ¿Para qué lo vas a comprar si puedes hacerlo?, es su filosofía.


Abrimos una reja antigua, y una serie de durmientes superpuestos como gradas en un terreno en pendiente nos deja casi sin respiración al llegar a la puerta de entrada de esta casa empinada en Lo Curro. En ese tramo del cerro dejamos atrás un triciclo oxidado y un mascarón de proa.
“Mi familia de origen siempre vivió en este sector, quizás por eso me gusta tanto la naturaleza, los cerros, y me compré este sitio. Era complicado porque como era pendiente era redifícil construir, cómo subir las cosas… pero al final lo logré”, cuenta Carmen Chadwick, productora de decoración de catálogos de grandes tiendas por muchos años.
Entró primero a arquitectura, se retiró y luego estudió decoración de interiores. “El lugar donde uno vive tiene que ser lo más acogedor posible y hablar de uno. En esta casa hay cosas que he ido juntando, reciclando, coleccionando y transformando”. Desde ahí surgen las colecciones de coronas, ángeles, llaves antiguas, artesanías de tribus africanas y atuendos orientales.
El tema de las manualidades lo lleva en el ADN. “Mi mamá siempre ha cosido, siempre nos hizo los vestidos, las cortinas de la casa… Desde chica con mi hermana Maureen aprendimos a hacer nuestras cosas. Mis dos niñitas también saben coser y se hacen sus arreglos y diseños ellas mismas. Están en La Maisonette, un colegio donde se fomenta mucho este tema. La que no sabe aprende y se van enseñando entre ellas. Sales con una especie de profesión como productora. Hemos sido siempre de familia busquilla, nos gusta harto el reciclaje, las cosas antiguas, somos fanáticas de Franklin”, cuenta Carmen.
Ese espíritu se vive en su casa. Todas las puertas, al igual que la tina de su baño, las encontró en una casa de demolición en la calle Rosas. La mesa de la salita de estar la diseñó con una base a partir de un coche clásico, lo mismo con el mesón de la entrada, hecho a partir de unas ruedas de bicicleta antigua.
Como productora de decoración Carmen cuenta que siempre estaba al día de las tendencias internacionales y se entretenía mirando las distintas revistas a las que estaba suscrita. “Llegaban todos los meses 3 o 4 revistas como Maison Francaise, Marie Claire, de ahí sacaba ideas y se me afinaba el ojo yo creo… ahora con internet es más instantáneo todo”, dice.
Sobre cómo se vinculan los espacios al interior, Carmen siempre pensó en hacerse una casa abierta. “Encuentro muy traumático la gente que no se comunica y que cada uno vive su ambiente solo encerrado en su pieza. Por eso esta casa se diseñó de una manera en que pudiese ver todo y todos me vieran, que estuviéramos todos comunicados.
Y la relación con el exterior para la dueña es la máxima de esta casa. “Me encanta que esté arriba del cerro. Me cargan esos lugares planos, por ejemplo, Miami me da una angustia. “De hecho, aquí se hacen las casas mirando Santiago y yo soy la única del sector que miro el cerro… te transportas de inmediato y dejas de estar en la ciudad. Las niñitas están acostumbradas a dormir con las cortinas abiertas, nunca las cierran en la noche. Se han acostumbrado a despertar mirando hacia la naturaleza, conectadas con el exterior”.

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