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400 columnas

Así se llama esta obra, que lejos de ser una construcción de la Antigua Grecia, corresponde a uno de los últimos proyectos del arquitecto Max Núñez en Chicureo. La repetición de este elemento cumple dos desafíos: dar continuidad a una construcción de origen disperso y optimizar el comportamiento térmico.


“Para qué tocar el piano con dos teclas si tiene 88”, con esa frase el arquitecto Max Núñez intenta explicar el resultado de sus obras, que surgen de una investigación exploratoria y decantan en la obra construida. “Existe una exploración consciente en cada uno de los trabajos que hacemos, ya sea una investigación material, estructural o espacial, y es esa búsqueda lo que nos permite entretenernos. Ojalá no repetirnos, cada proyecto significa mucho tiempo y esfuerzo como para repetir dos veces la misma idea”, agrega el arquitecto.
La casa 400 Columnas no es la excepción a esa regla. El arquitecto señala que el desafío en esta casa suburbana era establecer algún vínculo con el lugar, con el contexto. “Era un terreno bastante plano e indiferenciado y decidimos darle valor a un grupo de espinos como únicos puntos de referencia, que responden también a una situación climática en el valle central. Eso de inmediato definió un esquema de casa bastante dispersa en el sitio, que se organizaría a partir de patios en torno a estos árboles”, detalla Max.
Así es como surge esta nave rectangular de 28 x 28 organizada alrededor de nueve patios rectangulares de diferentes tamaños que proporcionan luz natural y ventilación a cada dormitorio a lo largo de un piso. “En el valle de Chicureo, que es bien horizontal y donde las montañas están bien cerca, no cambia mucho el levantarse. Y sí creo que es importante, frente a esta vegetación relativamente baja propia de la zona y clima más bien árido, tratar de tener construcciones que estén a la escala de esos árboles. Entonces la decisión de un piso fue tener una casa que fuera bien horizontal y que tendiera a estar a la escala de ese follaje bajo”, explica el arquitecto.
La altura sobre el piso de 1,2 m llama la atención. La sensación de estar flotando sobre un palafito, Max Núñez lo asigna a tener una relación un poco más elevada con respecto al horizonte. “Lo que se gana finalmente con eso es una mayor amplitud de los espacios interiores. Al estar un poco más alto en relación al suelo, los interiores se sienten un poco más abiertos, no tan chatos”, dice.

¿Porqué 400 columnas?
El programa de la vivienda concebido en torno a los distintos patios dio como resultado una casa dispersa y por lo tanto un poco unitaria. Tiene varias maneras de moverse, con varios recorridos internos. Con varias relaciones entre interior y exterior o relaciones entre recintos.
Para darle cierta unidad a todo este circuito es que nace la idea de las 400 columnas. “Necesitábamos algo que apareciera en todos lados y eso lo pensamos a través de un elemento constructivo que es esta columna de hormigón prefabricado que tiene esa primera posibilidad, de darle una cierta continuidad a algo que en su origen era disperso. Eso en términos estrictamente formales o plásticos. Por otro lado, la columna sirve como esta suma de columnas que genera un doble muro, que es un muro ventilado que permite que la casa tenga un comportamiento térmico mucho mejor a que tuviera un recubrimiento térmico directo contra el muro. Y eso funciona tanto en verano como invierno, entonces es bien eficiente en ese sentido”, agrega el arquitecto.
Además, estas columnas fueron hechas in situ en la obra, otorgándole un valor de sustentabilidad al proceso de elaboración. No son elementos industriales que vengan de una fábrica a kilómetros de distancia, sino que fueron hechas con la misma mano de obra de la construcción. “Es un elemento si bien hecho artesanalmente, único, a medida para esa casa, que no se puede encontrar en un catálogo de una empresa, le da valor a la construcción”.
Las 400 columnas logran también una dualidad en su materialidad. Si bien son de hormigón, simultáneamente son un elemento liviano, algo no tan frecuente en elementos concebidos en este material. “La arquitectura chilena incluso se caracteriza por un cierto peso y una cierta expresión del hormigón como un elemento estructural con cierta fuerza que creo que en este caso este elemento multiplicado y de tamaño menor sale un poco de ese canon y era algo que nos interesaba explorar. Lograr una expresión liviana con cierta translucidez con un material que normalmente está asociado a algo distinto”, afirma Max Núñez.

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